3.8.11

;

Enrique Santos Discépolo, el genial poeta argentino, tenía un amor joven, quizá el primer bien fuerte; el amor que no conoce límites. Era recíproco, pero algo se interponía para lograr la felicidad. Concibieron un pacto suicida que los uniría para siempre. Ser arrojarían juntos a las aguas del Río de la Plata.

El día fijado llovía torrencialmente, quizá para aumentar la melancolía. Discépolo esperaba a su novia en la costanera.

Ella bajó de un taxi, con piloto y paraguas.

Al verla llegar de esa manera, Discépolo le dijo:

-Yo te espero debajo de la lluvia y vos te venís así, toda tapada... Rajá... No merecés ni suicidarte...

Se fue cada uno por su lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario